About death.

Something about death
took the light out of me. 
I stood frozen against the realisation
that it might even happen. 

Don’t get me wrong, 
I’ve danced in her arms
like a lover, 
a soul-mate. 

But to see death in him, 
the one I loved – broke me. 

I stood frozen during months
when we all knew it was coming
and left haunted once it was gone. 
Reaaally gone. 

One rainy afternoon
he called me to his room, 
but stopped breathing 
before he could speak. 

But I kept talking to him 
over and over
like nothing happened
while tears run all over my face
and words became screams
and the screams became mumbling. 

We all knew it was coming, 
so we stuck to the plan, 
and I kept talking to him
while I cleanse, bath, and dressed him up. 

A few years have gone by 
and I keep talking to him.

And I know he can’t listen 
as I knew back then.

While my heart ached, 
empty and full, 
one foot planted earthly, 
one foot elsewhere. 

And since then I feel like a split soul
stuck in realms but I never break. 
I just linger lost around, 
ghostly and fearful. 

People say when a lover dies, 
it becomes your guardian angel. 
But I never feel guarded, 
how could I now?

Ya no saco más fotos, pero festejo Navidad.

Estaba revisando unas cajas el otro día buscando los adornos de Navidad, sí, Navidad desde Noviembre, y encontré la colección de cámaras de fotos. Hace mucho que no hago fotos y no sé exactamente por que paré. Había un momento en el que tomaba cursos, hacía salidas fotográficas y me levantaba a la hora dorada sólo para sacar fotos en la terraza. Y revisando, encontré que mis rollos revelados más recientes son del año pasado. Para ser más precisa de Agosto del año pasado. 28 de agosto cantaba el rollo.

El 28 de Agosto es el cumpleaños de mi abuelo. Era el cumpleaños de mi abuelo al menos. Está muerto ahora. Y lleva así varios años así que se pueden guardar sus sentidos pésame. Pero cuando vi el rollo y los adornos de navidad, las cámaras llenas de polvo… Me puse a llorar, casi instantáneamente. No importa cuando lean ésto, si veo cosas que tienen que ver con mi abuelo, me pongo a llorar.

Él era la persona más amable, cariñosa, honesta, sensible, desprejuiciada y probablemente la que más me acompañó y me quiso en mi vida. También es quien me enseñó casi todo lo que sé. Me enseñó sobre magia, sobre el espíritu, sobre mi cultura y mis tradiciones. Quien me enseñó a contar historias. Quien me hizo ser escritora, como si fuera poco. Quien me hizo ver tantas películas viejas que terminé estudiando cine y queriendo ser una femme fatale. Quien se sacaba los dientes para hacerme reír cuando tenía depresión infantil. Y adolescente también. Siempre me hacía reír. Siempre me hacía sentir bien y cómoda conmigo misma. Con mis virtudes -que él veía miles- y mis defectos -que él nunca me hizo saber si conoció alguno-.

Es dificil escribir sobre los muertos porque la visión que nos queda siempre parece color de rosa. Pero, en defensa de éste texto, cuando vivía también lo veía así. Él es la única persona que alguna vez me hizo sentir que estaba genuinamente orgulloso de quién yo era y de quién algún día me iba a convertir. Y a veces me cuesta mucho, mucho, no pensar constantemente en la idea de si estaría orgulloso de quién soy ahora, un desastre pero un desastre que no tiene vergüenza de mostrarse así, vulnerable en frente de una audiencia que no me conoce y dejando un registro de esa vulnerabilidad para que otros la vean. Me pregunto si estaría orgulloso de verme teniendo tanto miedo e igual sabiendo que el coraje no es la falta de miedo sino la determinación y resolución de hacer las cosas igual a pesar de ese miedo.

Si llegaron a éste punto, felicitaciones, primero que nada, leyeron un montón de cosas que no les importan probablemente, pero también seguro se preguntan que tiene que ver mi abuelo con la navidad, las cámaras de fotos, y toda la bola. Aunque quizás, también, piensen en que navidad y la familia y la depresión navideña y todo eso. Pero… Estarían equivocados.

En casa no festejabamos navidad. Posta. Mi familia viene de Marruecos y son gitanos, así que las fiestas católicas -al menos para mi familia, sé que hay gitanos cristianos- estaban un poco prohibidas en casa. Y creo que por esa prohibición rotunda por parte de mi abuela, sobre todos los otros miembros familiares, es lo que hacía que me llame tanto todo la atención. Eso y el color rojo es extremadamente atrayennte al ojo. Pero la navidad siempre me pareció una celebración hermosa, y no fue hasta que fui a primer grado y me encontré con un enorme choque cultural que me dí cuenta lo distinta que era mi familia al resto, y no lo piensen mal, jamás me avergoncé de quien era o como me veía o si eramos más pobres o comiamos cosas raras o no saber usar cubiertos… Pero si me acuerdo de que para fin de año, nos mandaron una tarjeta con el boletín que decía “Feliz Navidad y feliz año nuevo!” y yo me acuerdo que volví enojada, triste, frustrada pensando en por qué éramos tan distintos. Y mi abuelo no supo que decirme en ese momento, porque, honestamente ¿cómo le explicás todo eso a una nena de 6 años?

Pasaron los días, y para mi sorpresa, mi abuelo seguía sin decirme nada sobre la pregunta que le había hecho y era la primera vez en mi vida que me pasaba eso. Él siempre tenía una respuesta a todas mis preguntas. Pero pasaron más días, y yo seguía pegando la ñata contra el vidrio en cada vidriera posible. Y él no decía nada, sólo me dejaba hacerlo, el tiempo que fuera necesario con su paciencia infinita.

Llegó navidad y yo me quedé despierta hasta las 12 para ver los fuegos artificiales desde el balcón de casa, cuando mi abuelo me toca el hombro y me da un regalo. Yo no lo podía creer porque Papá Noel era mala palabra en casa. El regalo era una cajita con una carta, la caja tenía una bola de nieve con una casita de jengibre. La carta decía muchas cosas sobre como no podíamos festejar navidad porque era una falta de respeto hacia nuestros antepasados, pero que podía darme un regalo todos los años siempre y cuando sea nuestro secreto. Atesoro esa bola de nieve mucho. Mi abuelo muchas veces me escribía cartas, él decía que le resultaba más fácil ordenar las ideas en el papel que cuando hablaba, y en eso somos iguales.

Al año siguiente, una tarde, estabamos en la plaza, mi abuelo y yo. No me acuerdo muy bien la escena, pero él me la contó muchas veces así: Yo estaba mirando los árboles y diciendo “chick” y cerrando los párpados muy fuerte por unos segundos. Él me preguntó por qué y le dije que en el futuro íbamos a tener unos cables en el cerebro e íbamos a poder mirar esos recuerdos en la tele. Y él se rió mucho. Esa navidad, me regaló una cámara de fotos con otra carta diciendo “no tenemos cables que muestren imágenes del cerebro todavía y probablemente yo no esté cuando existan, pero me gustaría que veamos juntos todo lo que consideres hermoso y guardarlo para siempre. Yo te ayudo a revelar las fotos.”

Pasé mucho tiempo en fotoclubes, y saliendo con él a hacer fotos al río. No me gustaba hacer retratos. Me gustaba todo lo demás. Con los años junté más cámaras y saqué fotos horribles y fotos hermosas. Pero siempre sacaba fotos. Técnicamente, sigo sacando fotos, sino mi instagram sería una meme page. También con los años empecé a festejar navidad. En realidad no, o sea jamás pongo un pesebre, pero tengo un arbol de 2mts -real- y mi casa parece una publicidad de Coca Cola. Uno de adulto hace lo que no podía de chico, supongo. Pero hace un año dejé de sacar fotos, y no sé por qué. Me pone triste. Siento que mi depresión me fue robando pedacitos de mi con los años y es difícil conseguir las figuritas para volver a tener el álbum también.

Supongo que encontrar las cámaras con las cosas de navidad me hizo acordar cosas que me faltan todavía para tener el álbum completo. Y además, todos extrañamos a la gente que no está y está bien. Es sano recordar a quienes ya no están con nosotros. Para bien y para mal. Lo que no es sano es aferrarse a la angustia y dejarla que te consuma. Lo que quiero decir es… Llorar a los muertos es normal y parte de la vida. Sólo no te dejes morir en el proceso vos también.

Se despertó a las dos de la mañana

Se despertó a las dos de la mañana. No porque hubiera algún sonido fuerte, o tuviese que hacerlo por algún horario de trabajo vampirezco. Se despertó porque se había cortado la luz. Incluso ahí en la penumbra, sin la necesidad de intentar prender nada, lo supo. Suena mágico, como si naciera de una especie de sexto sentido que viene con la menstruación, pero en realidad es culpa de esa heladera de mierda.

Hace ya seis meses que vivía ahí en medio de la nada, donde el silencio te ahoga y la naturaleza obliga. Y había logrado acostumbrarse a casi todo. A la falta de accesos, a tomar mate sola, a los mosquitos, los pájaros, los murciélagos, los carúes, los perros de los vecinos, a la sudestada, a la falta de agua, de luz, al espacio… Pero la heladera de mierda la volvía loca.

En la oscuridad escucha el río. Siempre le tuvo mucho miedo. Quizás por eso se fue a vivir al delta. Porque vivir rodeada de una fuente de pánico identificable era mejor que vivir en un torbellino de incertidumbre de irracionalidad constante en la que solía estar.

De a ratos piensa en el gato que ya no vé, o como la luz entraba por la ventana de la cocina de ese departamento que eligieron compartir. A veces trata de no llorar. Porque sola en medio de la nada es un mal momento para llorar. O quizás es el mejor. No sabe. Por ahí mañana es un mejor momento para llorar. O pasado. O quizás nunca y siempre, ambos son un buen momento. Eso.

También piensa en como ya no está para pelotudeces. Por eso vino a la casa de sus viejos, con la cola entre las patas, porque obvio que como una enorme boluda dejó todo en manos del forro, en ese departamento que tenían que compartir, idealmente para siempre o al menos por dos años que era lo que duraba el contrato de alquiler y todos saben que un contrato es un acuerdo que no se puede romper. Pero también, incluso cuando sus viejos vivían acá y ella era una nena, no se dejaba sentir tampoco. El miedo constante al río y su fuerza inmutable la mantenían constantemente alerta y no tenía lugar para pensar en pelotudeces. Incluso de chica, se esmeraba tanto por emparchar los problemas, por mediar cualquier situación con tal de no tener un conflicto, que ahora no sabe cómo sentirse cuando no hay nada más que uno puede hacer más que sentirse como el orto.

Por ahí lo inteligente hubiera sido alquilar un monoambiente, empezar terapia. Empezar una carrera nueva o estudiar de nuevo. Aprender a tejer. Adoptar un perro. Tener un potus o algo equivalente casi imposible de matar. Por ahí necesitaba ser una persona distinta. O mejor dicho, quizás era el momento de ser la persona que estaba abajo de la boluda que fue por los últimos 35 años.

Por suerte no llueve. En general, ahí se corta la luz los días de lluvia y con la lluvia sube el río y toda la bola. Pero no. Está todo bien.

Trató de volver a dormir, pero hay tanto silencio que no puede, así que diez minutos después está en la cocina tomando mate con una vela. Le ofrece mate a la vela, pero ésta amablemente lo rechaza. ¿Siempre hubo esos azulejos en la cocina? Le gustan esos azulejos, son verde manzana. Es un color alegre, feliz, podría decirse. La cocina es un lugar feliz. No importa que problema haya, todo se puede arreglar en la cocina. Todo se siente mejor en la cocina. Incluso agarrar un cuchillo y apuñalar a ese hijo de puta, debería siempre hacerse en la cocina. Eso no pasó. Ojalá hubiera pasado. No, mejor no, eso es horrible. No tengo una memoria confiable en cualquier caso. Siempre se me confunden los recuerdos. Pasa tanto tiempo sola, teniendo conversaciones con ella misma que a veces, le cuesta saber qué conversaciones fueron reales y cuáles no. Técnicamente son todas reales. Incluso las que pasan en su cabeza. Quizás si debería haber empezado terapia.

Una amiga suya le dijo que encontrar un terapeuta bueno es como encontrar una pareja que te funcione, podés pasar años hasta que encontrás uno que es bueno para vos. No tiene ganas de pasar años esperando que funcione. Tampoco quiere tener citas con terapeutas, eso sería raro. Tampoco se quiere poner a buscar. Por ahí lo que en realidad debería hacer es tirar la heladera de mierda ésta y comprar otra. ¿Hace cuántos años que está ésta heladera en la casa?

Agarró el teléfono y empezó a marcar el número de su madre. Antes de terminar de marcar cuelga. Ella sabe que no la puede atender. Quizás realmente debería empezar terapia. O darse un baño. Debería darse un baño. También ordenar las cosas. Pero, honestamente, ¿qué cosas? Dejó todo en ese departamento y en la calle. Todo. Llegó a la lancha con dos valijas, un par de papeles inservibles y un collar que encontró de chica una vez que bajó mucho el Espera. Quizás debería devolver el collar al río y hacer las paces. También debería comprar una heladera que no haga tanto ruido. Así, borrón y cuenta nueva con el universo.

La última vez que vivió ahí, tenía 19 años. Estaba haciendo las valijas para irse a vivir con un grupo de amigas a un nido de ratas que quedaba muy cerca de la facultad y era lo mejor que podían pagar. Navidad, año nuevo y todas las festividades se daban en lugares más civilizados, normalmente con sus padres yendo a capital por el día y después ellos volvían a la isla. ¨Espero que no haya sudestada¨, le dijo a la vela mientras seguía tomando mate.

El río nunca dejó de darle miedo. Es turbulento, lúgubre, traicionero y mentiroso, como un novio alcohólico. En un día de sol, vos vas divina con tus gafas y un sombrero de ala ancha mientras Jaime te sube el bolso al techo de la lancha colectiva. Pero abajo de esa superficie, entre las ramas, restos de otros barcos, la tierra y el arrastre, lo que deja la gente y seguro muchos restos de lo que alguna vez fue gente, forman un torbellino dispuesto a hundirte si te confías demasiado. Como todas las relaciones en su vida.

Mientras llena el termo con agua nueva, escucha como Estrella, la perra del vecino le ladra a algo. Y ahí está. La heladera de mierda volvió a rugir.

Mientras toma los últimos mates se ríe. Incluso si quisiera tirarla, no podría. Supongo que se volvió un reemplazo a tener una pareja. Tomás mate hasta la madrugada pensando lo peor pero cuando vuelve en vez de mandar todo a la mierda, te sentís segura de nuevo y en casa, y te das cuenta también que solo podés dormir si estás acompañada.

Supongo que todavía no aprendió a tomar mate sola, pero no lo necesita. Al menos, en eso se queda pensando hasta quedarse dormida de nuevo.

La chica de los cigarrillos

9788416529322Masahiko Matsumoto, para quién caiga de la palmera, fue uno de los pioneros del gekiga en los 70’s, si quieren saber un poco más sobre qué es o quienes formaron parte, les recomiendo leer la editorial que hice en la web de MalditosNerds.com. Dentro del movimiento, Matsumoto tenía una filosofía más enfocada a la creación artesanal y sin asistentes, lo que hizo que su producción quedara relegada a los titanes como Saito o Tatsumi. Pero no por eso es un autor de segunda, sino que antes que existiera el gekiga, él creo el término que definió el manga de adultos hasta años después, Komaga. Y más allá de ser miembro fundador de un movimiento, y acuñar un término definitorio, Matsumoto es un artista increíble. Incluso Tatsumi en ‘Una vida errante’ (su autobiografía que la recomiendo ampliamente) reconoce siempre ir un paso atrás suyo y muchos lo consideran el verdadero innovador de aquella corriente y de todo lo que hoy conocemos como manga para adultos. Sigue leyendo

I’ve been told.

I’ve been usually told that I’m a good writer. I don’t know about that. I’ve been also told that I’m really good in bed. I don’t know about that either. I just write stuff and make love with people, and try to bring the best out of me in both situations.

But, there lies the issue: I try to bring out the best of me. And that never works.

We usually compel ourselves to show the world our best works, our prettiest face, our precious achievements; and don’t get me wrong, all of that is pretty great and you should be absolutely proud of. But that won’t make us more close. It just makes us look good.

And looking good is something we long for, yes because our society forces us to be the best all the time and people apparently will love us for that. But they never do.

There hasn’t been a single person who has loved me because I was good at my job. Or sex. There hasn’t been a person who had loved me because I was funny or because I’m pretty. Even because of how much of a great cook I am. They simply won’t. And no one will. -And I’m not talking only about romantic love, which is a great kind of love but it’s not the only one, I’m talking about everyone who truly loves us.- They love us because who we are when we are not trying. They love my vulnerability, the fact that I can’t really keep my mouth shut when I’m excited about something and also because when I’m calm and relax I won’t say a word for hours, they love me because I always cry at movies and I laugh at funerals cause, contrary to what people may think I cope with my emotions way too well. They love me because I can come up with strange scenarios and made up immense stories to say the smallest things and that I laugh about how I’m never able to tell a story just from beginning to end and how that probably makes me a terrible writer. They love me because I’m frightened about life and love, and they love me because no matter how frightened I am, I always trust, and I’m always honest. They love me because I genuinely care about other people’s feelings. They love me because they know my past, and they’ve seen me grew out of it. They love me because even though I usually act like nothing touches me, I always end up writing about my insecurities and how deeply lonely I tend to feel. They love me because even at my worst they can come up to me and, to the best of my possibility, I’ll do whatever I can to help. And not only them but anyone who asks for it. And most important, they love me because how unapologetically free I am when no one is looking. Even though I never show that to the people I want to be loved by.

Because all of that, all of what makes these amazing people love me are things that can be used to break me. Because all of these traits can be seen as flaws. And I can’t be flawed. Because if there’s someone out there seeing at me and they have this idea of me being these incredibly mature and talented being who has life figured out and exudes confidence and self-worth… I want them to keep thinking that. Because I’m way too scared to become a real human being that I end up letting them making me a fantasy. And that’s what I was told to be. And that used to be my job. And that’s what my mom taught me. And that’s… what I know how to be. But this whole cheesy chick who sometimes is too depressed to wash her own hair, or get out of bed in the morning, or to write, or to go out as much as she would love to… It’s not loveable. This flawed chick that still, at 25, sleeps with a stuffed dog because she’s still afraid of the dark, it’s not loveable. This struggling artist who keeps getting new jobs and taking more and more responsibilities cause she would love to get out and do them, but it’s too depressed to work… It’s not loveable. This adult who loves Harry Potter too much, or forgets to eat, or never remembers birthdays, and gets lost in their own train of thought, or gets overly anxious when you start not talking to her, and always feels immensely guilty cause it’s probably her fault because she always mess everything up because it’s emotional and silly.

And don’t get me wrong, the problem is not depression. The problem is that, that person who’s interested in me because of what I showed at first… Is never going to actually love who I am. And it’s my fault. And there is maybe someone out there willing and with the capacity to love and understand someone like me without being fulfilling some sort of hero complex or to try to fix me, cause I don’t need or want that. But because they genuinely see that there’s more to me than what I usually show, and they are willing to be patient for me to show it to them.

But maybe I never will. Cause I rather am the fantasy always, than to be Johanna any day.

And the worst part of that is… I hate myself for it.

Johanna is just a girl, and how can anyone love me for that?

And if there’s someone out there with who I can be truly honest with, and not feel like I have to be my best always… They probably just want to hold me dear, as a friend. But I guess, that’s not that bad.

Or so I’ve been told.

An Open letter to online hook-ups

Dear OkCupidRandomGuy:

If I sing out the emptiness and you sing out the silence, could this in-out sort of mechanic we have between chats and sheets fill the mutual void?

This is what you usually do when a girl like me is new to you. Smoothly soothe the awkwardness and the nervousness, gently joking around as you say something like “I don’t usually do this…”

And I know you are lying, but I don’t need truth: we are not lovers, we are just strangers.

Hungry, needy.

You would call drunk at 3 am, to say something cheap and cheesy like: “I am thinking I want to get you really excited and the thought of me running my hands down your back and around to hold your breasts pushing up myself against you, letting you feel how excited I am for you. “

Like I haven’t heard that before, and I would lie about how wet and excited I am, laid down in bed while I wash my teeth and put on eye cream before bed. And I hear you moan at the sound of my sexy phone voice (I do that) and then, you ask if I came too… But I would quickly say something like “I can’t come on my own“. And you would buy it, as I buy this whole exchange; as I buy this whole bullshit meaningless relationship only because I don’t like feeling lonely, but talking to a drunk stranger I met online about his cock while I brush my teeth and he cums and moans… Just makes it sadder.

But when I wake up all alone and I think about your skin, I remember I said before: “We are not lovers, we are just strangers”.

I remember I said before: “We are not lovers, we are just strangers”.

I don’t really know where I’m going with this e-mail but, I guess if I can impose my sad and weird existentialist expectations and fantasies upon you thru this letter makes them slightly more real.

Maybe I love you, stranger. Maybe I love the whole idea of falling for someone who can break me in a slap, murder all I hold dear, sold me for a penny and think me a fool; for the challenge of proving myself worthy is the challenge I seek for. I need excuses to call myself worthy of love cause I no longer hold love for myself. And for that, I could probably never love you. Or maybe I could, but you would never know. For I rather lie in bed clothless but never naked. I rather lie and pretend I listen and hold your dick in my mouth so I can keep ‘quiet’. And you would love it until you leave me too.

To sum this mail up,

yeah, let’s go on a double date with our shitty expectations and illusions of each other.

Xoxo,

Aapocalipstick.