Ser Catwoman

Originalmente publicada en Comiqueando Online

Voy a ser honesta: yo era una nena rara. Amaba películas como Beetlejuice y El Cuervo (de hecho, mi vieja tuvo que comprar tres vhs porque los gasté), pero de alguna forma, más allá de esa aura oscura de la que ya era asidua, había algo distinto en Batman Returns. Yo había visto alguna vez la serie animada, pero no le había prestado particularmente atención hasta ese momento.

Me acuerdo que, desde que empezó hasta su fin, lo atormenté a mi abuelo con preguntas como “¿Por qué ese tipo es tan deforme?” “¿Por qué Batman se esconde si está ayudando gente?” “¿Por qué nosotros no tenemos un Alfred así la abuela no se cansa tanto?” “¿Porqué tenía sangre negra si era hijo de gente?” y así una lista interminable.

Terminé de ver la película no entendiendo nada, pero al mismo tiempo me pareció que era lo mejor que me había pasado en la vida, sobre todo porque encontré lo que quería ser cuando fuera grande: Catwoman.

Ella representaba todo lo que en mi cabeza de niña significaba ser mujer, o al menos la mujer que yo quería ser: Independiente, valiente, segura, astuta, ágil, intimidante, sexy. Obviamente en ese momento no lo entendí así, pero con años de terapia encima, era la fuente de todo lo que debía representar una mujer.

Después de eso, vinieron los comics, las figuras, las series, las películas. Me volví adicta y aún sigo sin poder recuperarme. Es así que a veces, cuando leo por ahí a mujeres que se quejan porque tener de modelo a seguir a una muñeca Barbie les arruinó la cabeza, me gustaría poder decirles: ¿Sabés lo que es tener como meta ser una supervillana que salta por los techos en un traje de vinilo y se lame? ¿La cantidad de plata que gasté en terapia por las tendencias fetichistas?

20140728202508!Wonder_Woman_0024Podría ser peor. Podría tener de modelo a seguir a Wonder Woman. Imaginate. Una amazona nacida del barro (¿Ahora es hija de Zeus?), entrenada para la batalla y el liderazgo, capaz de hacer hablar a cualquier persona con el poder de su lazo. No me malinterpreten, no creo que esté mal que haya mujeres que consideren un modelo a Diana, está bien. Pero, a mi entender, Diana sólo era la prueba de que la única forma de tener poder, o valor, era siendo fuerte, y ese es un valor bastante masculino, si me preguntan a mí.

Catwoman me presenta un modelo de mujer absolutamente contrario. Una mujer dominante, que rompe con las cadenas de quién se supone que debería ser y se come al mundo con perlas y diamantes. Con el tiempo, después de muchas idas y venidas, desarrolla un sentido de (dudosa) moral, pero entendemos que no es mala, sólo que no es perfecta: Está rota, y todo eso que le falta, lo llena con la adrenalina y la confianza en sí misma que le genera robar (seguro va a haber un montón de puristas preguntando dónde vivo para lincharme y cosas).

A lo que voy es a cómo -sin querer queriendo- nos encontramos con que nuestros modelos a seguir son personajes que no sólo no existen, sino que jamás podrían existir. Son figuras tan utópicas, que nos obligan a aspirar a un grado de perfección inhumano.

superman-with-flagCuanta presión al pedo. Por ejemplo, veamos a Superman. Es buen tipo, es fachero, tiene superpoderes, siempre se queda con la chica, siempre hace lo correcto y lucha por los pobres y oprimidos. Desde su concepción el personaje se piensa como algo que nunca podría ser, pero en un mundo de fantasía donde las reglas son más laxas, todos podemos ser Superman. He ahí la magia. Todos podemos ser héroes, pero al mismo tiempo, nunca vamos a poder ser así.

Entender eso, pero de forma real, no racionalizarlo, sino aceptar el concepto de que el SuperYo nunca va a ser plausible, cuesta y mucho. Pero creo que lo importante de crecer con modelos así, más allá de la presión y la ansiedad que nos generan al poner la vara tan alta, es que nos llenan de valores y conceptos que quizás son ajenos a nuestra realidad.

Si vos eras chico y en el recreo los pibes más grandes te pegaban, esperabas que viniera Green Arrow a hablar sobre la injusticia de las jerarquías o Green Lantern a frenarlos por romper la ley. Un día creciste y entendiste que ellos no iban a venir, pero eso no significaba que tenía que seguir pasando.

Como mujer, crecí en un ambiente en el que si me callaba era más linda, pero si era demasiado linda la pasaba mal. Durante años, todo lo que creí poseer como cualidad era mi capacidad cognitiva y mi habilidad para hacer de cuenta que no existía, pero dentro de mí el bicho de la ambición se gestaba como un parásito, que se comía las trabas que me ponían los demás. A medida que crecía aprendí que, no existe forma en que sólo porque alguien me diga que no puedo, deba que ser así; sólo porque alguien me diga que no valgo nada y me tire por la ventana, no significa que yo deba quedarme ahí. Yo sabía que había que calzarse unos pantalones de vinilo y demostrarles de qué estaba hecha. Que mi imagen no es sólo una virtud, es una herramienta y junto con la astucia forman un combo imbatible.

Crecer queriendo ser un superhéroe (o una villana), está más allá de las presiones, la fantasía y los disfraces, es entender que podemos ser la mejor versión de nosotros mismos, no importa quienes seamos.

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