Hace 4 meses que no lo veía .

Hacía cuatro meses que no lo veía. Me había pasado toda esa mañana pensando en que hacía mucho que no pensaba en eso, cuatro meses que no le hablaba, que no pensaba en su sonrisa torcida… Una siempre se entera cosas, no porque lo stalkee (¡Noo! ¿No?) , pero, por acá o por allá, siempre se sabe. Como si los demás no supieran que no hay que hablarte de tu ex. Es gracioso, cómo funciona la carpa de los otros… El sentido común es como el buen gusto o el sentido del humor, todos creen que lo tienen, pero, no. Y cuando estás en una reunión, empiezan a hablar y vos ves como se golpean con los codos y te miran con cara de pollo, como si fueses pelotuda, ¿viste? Odio que hagan eso, si querés nombrarlo está todo bien, ya estoy grande. Me ato los cordones solita y todo.
Pero lo malo no es eso, lo malo es cuando vos estás muy pancha un día, cuando decidiste romper la dieta y clavarte un Triple-Bacon con combo agrandado y estás sin maquillar; él está ahí parado, enfrente tuyo, con su camisa reluciente, y recién afeitado. Justo cuando te resignaste a no volverlo a ver. Cuando aprendiste que estaba bien estar sola. Él va, y te dá vuelta el mundo, como siempre.
Va, y se sienta enfrente tuyo, sin preguntar, como es propio de él, y…
-Hace rato que tenía ganas de encontrarte.
-Byotambegdien.
Se ríe, y me desarma. Como antes. Me miró con esos ojos de sapo degollado por una turba iracunda de hormigas, esos que pasé horas mirando, tratando de discernir un pensamiento, una mirada, un algo… Meses enteros mirando esos ojos de sapo, y jamás habían sido tan hermosos como en este momento.
-¡Claro! ¿Cómo estás? Tragá primero. – Dijo, mientras reía torcido, con sus dientes chuecos…
Y yo le dije que estaba bien, y aunque por mi cabeza pasaron tantas cosas que me resultaban imposibles de callar, preferí escucharlo, extrañaba escucharlo. Su voz, su tono, su forma de modular. Cómo sus labios se movían mientras gesticulaba, como se reía mientras decía algo que le gustaba mucho o cómo sus ojos brillaban cuando le contaba de libros. Extrañaba todo.
Y me contó de lo genial que le iba en todo. En que se fué de viaje, que escribió mucho, que toma tres litros de agua al día. Y lo escuché, y perdí la noción del tiempo. El lugar se empezó a llenar, y él se tenía que ir, pero quedamos en volvernos a ver, me pasó su WhatsApp y todo eso. Quedamos en tratar de arreglar
las cosas, y ver la mejor manera de estar así, más seguido. Estar, como dos. En 4 meses soñé mil veces con eso, ¿pero que me dijera él? Totalmente surrealista.
La euforia que sentí es sólo comparable con la de alguien que lleva años buscando un trébol de cuatro hojas y lo encuentra en un potus sin querer, o como la de quien se gana uno de esos concursos de facebook, como “Compartí esta imagen y ganá este rollo de cinta aisladora”, como cuando te encontrás en Parque Rivadavia con un Troll de pelo rosa lo suficientemente pequeño como para hacer un collar o un aro con eso.
Así de contenta estaba.
Tanto, tanto, que no me aguanté al otro día. Le mandé un Whatsapp esa misma noche y fue… raro. Cómo si no hubiésemos hablado esa tarde. Mientras me histeriqueaba un poco, “Géminis”, pensé y me hacía la boluda, mientras trataba de no parecer desesperada. Y hablamos mucho rato, pero, se sintió como un desconocido. Ya no leía poesía, ahora veía i·sat, ahora no le molestaban los hipsters, estaba todo bien con Star Trek y la fotografía de Amelie le daba lo mismo. Incluso escribía distinto, escribía como si nunca hubiésemos sido nada, como si nunca hubiese pasado nada entre nosotros, como desconocidos. Era tan típico de él, hacerse el desentendido cuando no quería tocar cierto tema. Sabía que era normal eso. Estaba negando todo, es más fácil pensarlo así. Como borrón y cuenta nueva.
Arreglamos para vernos el viernes a la noche, en ese bar nuevo de San Telmo, donde las luces son rosas y la música suena bajo. Me puse ese vestido gris, ese que tanto le gustaba a él en un entonces, ese que “es demasiado corto y me marca las piernas”.
-¿Qué te hiciste en el pelo? – Me dijo, inquisidoramente, con desaprobación incluso.
-Tenía que conseguir trabajo. Y lo corté un poco.
-Parecés una de esas ahora. Solías ser más divertida antes, usabas colores y te veías mejor.
Y así siguió la conversación, cada detalle en mí estaba mal y cada cosa que podía decir era estúpida o ridícula al menos. Él iba al baño muy seguido, le pregunté si tenía sistitis o estaba tomando reduce fat fast. No le encontró el chiste y se fué del bar, enojadísimo. Yo sólo le había hecho un chiste, igual que siempre… La gente venía y me hablaba, y yo sólo me quería ir a la mierda. No lo pensé ni dos segundos, y lo corrí con tacos de 10 cm. Cuadras enteras, y no… No estaba por ningún lado. Me senté en un banco de plaza y me lloví entera. Lloví como hace mucho tiempo que no me dejaba llover. Mi cuerpo entero, lloró por él, ¿sabés?
Y de la nada, después de un rato, él estaba ahí. Parado enfrente mío, pero era re loco, porque… no
estaba mojado, y tenía otra ropa. Pero me doy cuenta de eso ahora, en ese momento creo que no
lo noté, o no lo quise notar. O viste cómo funciona el inconsciente…
“Yo no soy quien parece que soy, naba. Mirá bien.”
Y yo lloré y lloví, y del cielo cayó agua también. Y no supe si lloré tanto o era la lluvia o ambas, pero
gotas y gotas caían casi interminables con una fuerza tremebunda. Le grité que se fuera. Y él fué, y
la plaza también. Y la lluvia. Y el vestido…

“Hacía cuatro meses que no lo veía”, le dijo a su terapeuta, desde el diván de terciopelo rojo.
“Cuatro meses hace que tendría que haber empezado a venir acá.”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s