La chica de los cigarrillos

9788416529322Masahiko Matsumoto, para quién caiga de la palmera, fue uno de los pioneros del gekiga en los 70’s, si quieren saber un poco más sobre qué es o quienes formaron parte, les recomiendo leer la editorial que hice en la web de MalditosNerds.com. Dentro del movimiento, Matsumoto tenía una filosofía más enfocada a la creación artesanal y sin asistentes, lo que hizo que su producción quedara relegada a los titanes como Saito o Tatsumi. Pero no por eso es un autor de segunda, sino que antes que existiera el gekiga, él creo el término que definió el manga de adultos hasta años después, Komaga. Y más allá de ser miembro fundador de un movimiento, y acuñar un término definitorio, Matsumoto es un artista increíble. Incluso Tatsumi en ‘Una vida errante’ (su autobiografía que la recomiendo ampliamente) reconoce siempre ir un paso atrás suyo y muchos lo consideran el verdadero innovador de aquella corriente y de todo lo que hoy conocemos como manga para adultos.
Por desgracia, la obra de Matsumoto es muy escasa. Se hizo famoso por obras como The Man Next Door y Gekiga Fanatics, una biografía en el tono de la de Tatsumi, pero escrita 30 años antes, habiendo tomado notoriedad sólo después de la publicación de la segunda.

descargaLa chica de los cigarrillos es una obra publicada entre 1972 y 1974, y nos cuenta la vida de varias personas que buscan de algo a lo que llamar hogar, algún lugar donde son bienvenidos y se esfuerzan por salir adelante. Gente con problemas de guita, con impulsos sexuales, con ambiciones como las de vos y yo. Matsumoto nos habla del esfuerzo anónimo pero común de que todos buscamos un lugar donde pertenecer. Son historias de su momento: nos hablan de una época y un lugar, un Japón atravezado por la guerra con mucha hambre y pobreza y un Japón donde la tradición empieza a darle lugar a la modernidad. Nos habla de la presión de sus mujeres, de matrimonios arreglados, y se yuxtapone con el debate sobre el aborto, los métodos anticonceptivos, la busqueda de la independencia y las salas de pachinko. Ese choque entre tradición y modernidad es lo que hace a la obra global y nos deja lugar a la identificación, más allá de su localidad.

El relato de los personajes a través de la caricatura tan sencilla, nos pone cosas como la falta de guita, la frustración y la presión social casi a la ligera. Equilibra perfecto lo bueno con lo malo y la manera en la que enlaza escenas con diálogos casi inocuos nos refleja la mirada del artista: banal y cruda en apariencia, pero al final cuando hay que decir lo importante te la clava al ángulo, como la manera en la que uno afronta la indiferencia de quien nos atrae o el esperado encuentro con la chica de los cigarrillos. Matsumoto nos habla de amor, al final del día, de ser aceptados por esa persona y como ese cambio, esa nueva mirada, produce cambios en uno mismo y en como nos mira el resto. Ese proceso de buscarse y encontrarse a uno mismo en la mirada del otro y tener un hombro en el que apoyarse, sea producto de la necesidad de amor o de la cotideaneidad misma.

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