Se despertó a las dos de la mañana

Se despertó a las dos de la mañana. No porque hubiera algún sonido fuerte, o tuviese que hacerlo por algún horario de trabajo vampirezco. Se despertó porque se había cortado la luz. Incluso ahí en la penumbra, sin la necesidad de intentar prender nada, lo supo. Suena mágico, como si naciera de una especie de sexto sentido que viene con la menstruación, pero en realidad es culpa de esa heladera de mierda.

Hace ya seis meses que vivía ahí en medio de la nada, donde el silencio te ahoga y la naturaleza obliga. Y había logrado acostumbrarse a casi todo. A la falta de accesos, a tomar mate sola, a los mosquitos, los pájaros, los murciélagos, los carúes, los perros de los vecinos, a la sudestada, a la falta de agua, de luz, al espacio… Pero la heladera de mierda la volvía loca.

En la oscuridad escucha el río. Siempre le tuvo mucho miedo. Quizás por eso se fue a vivir al delta. Porque vivir rodeada de una fuente de pánico identificable era mejor que vivir en un torbellino de incertidumbre de irracionalidad constante en la que solía estar.

De a ratos piensa en el gato que ya no vé, o como la luz entraba por la ventana de la cocina de ese departamento que eligieron compartir. A veces trata de no llorar. Porque sola en medio de la nada es un mal momento para llorar. O quizás es el mejor. No sabe. Por ahí mañana es un mejor momento para llorar. O pasado. O quizás nunca y siempre, ambos son un buen momento. Eso.

También piensa en como ya no está para pelotudeces. Por eso vino a la casa de sus viejos, con la cola entre las patas, porque obvio que como una enorme boluda dejó todo en manos del forro, en ese departamento que tenían que compartir, idealmente para siempre o al menos por dos años que era lo que duraba el contrato de alquiler y todos saben que un contrato es un acuerdo que no se puede romper. Pero también, incluso cuando sus viejos vivían acá y ella era una nena, no se dejaba sentir tampoco. El miedo constante al río y su fuerza inmutable la mantenían constantemente alerta y no tenía lugar para pensar en pelotudeces. Incluso de chica, se esmeraba tanto por emparchar los problemas, por mediar cualquier situación con tal de no tener un conflicto, que ahora no sabe cómo sentirse cuando no hay nada más que uno puede hacer más que sentirse como el orto.

Por ahí lo inteligente hubiera sido alquilar un monoambiente, empezar terapia. Empezar una carrera nueva o estudiar de nuevo. Aprender a tejer. Adoptar un perro. Tener un potus o algo equivalente casi imposible de matar. Por ahí necesitaba ser una persona distinta. O mejor dicho, quizás era el momento de ser la persona que estaba abajo de la boluda que fue por los últimos 35 años.

Por suerte no llueve. En general, ahí se corta la luz los días de lluvia y con la lluvia sube el río y toda la bola. Pero no. Está todo bien.

Trató de volver a dormir, pero hay tanto silencio que no puede, así que diez minutos después está en la cocina tomando mate con una vela. Le ofrece mate a la vela, pero ésta amablemente lo rechaza. ¿Siempre hubo esos azulejos en la cocina? Le gustan esos azulejos, son verde manzana. Es un color alegre, feliz, podría decirse. La cocina es un lugar feliz. No importa que problema haya, todo se puede arreglar en la cocina. Todo se siente mejor en la cocina. Incluso agarrar un cuchillo y apuñalar a ese hijo de puta, debería siempre hacerse en la cocina. Eso no pasó. Ojalá hubiera pasado. No, mejor no, eso es horrible. No tengo una memoria confiable en cualquier caso. Siempre se me confunden los recuerdos. Pasa tanto tiempo sola, teniendo conversaciones con ella misma que a veces, le cuesta saber qué conversaciones fueron reales y cuáles no. Técnicamente son todas reales. Incluso las que pasan en su cabeza. Quizás si debería haber empezado terapia.

Una amiga suya le dijo que encontrar un terapeuta bueno es como encontrar una pareja que te funcione, podés pasar años hasta que encontrás uno que es bueno para vos. No tiene ganas de pasar años esperando que funcione. Tampoco quiere tener citas con terapeutas, eso sería raro. Tampoco se quiere poner a buscar. Por ahí lo que en realidad debería hacer es tirar la heladera de mierda ésta y comprar otra. ¿Hace cuántos años que está ésta heladera en la casa?

Agarró el teléfono y empezó a marcar el número de su madre. Antes de terminar de marcar cuelga. Ella sabe que no la puede atender. Quizás realmente debería empezar terapia. O darse un baño. Debería darse un baño. También ordenar las cosas. Pero, honestamente, ¿qué cosas? Dejó todo en ese departamento y en la calle. Todo. Llegó a la lancha con dos valijas, un par de papeles inservibles y un collar que encontró de chica una vez que bajó mucho el Espera. Quizás debería devolver el collar al río y hacer las paces. También debería comprar una heladera que no haga tanto ruido. Así, borrón y cuenta nueva con el universo.

La última vez que vivió ahí, tenía 19 años. Estaba haciendo las valijas para irse a vivir con un grupo de amigas a un nido de ratas que quedaba muy cerca de la facultad y era lo mejor que podían pagar. Navidad, año nuevo y todas las festividades se daban en lugares más civilizados, normalmente con sus padres yendo a capital por el día y después ellos volvían a la isla. ¨Espero que no haya sudestada¨, le dijo a la vela mientras seguía tomando mate.

El río nunca dejó de darle miedo. Es turbulento, lúgubre, traicionero y mentiroso, como un novio alcohólico. En un día de sol, vos vas divina con tus gafas y un sombrero de ala ancha mientras Jaime te sube el bolso al techo de la lancha colectiva. Pero abajo de esa superficie, entre las ramas, restos de otros barcos, la tierra y el arrastre, lo que deja la gente y seguro muchos restos de lo que alguna vez fue gente, forman un torbellino dispuesto a hundirte si te confías demasiado. Como todas las relaciones en su vida.

Mientras llena el termo con agua nueva, escucha como Estrella, la perra del vecino le ladra a algo. Y ahí está. La heladera de mierda volvió a rugir.

Mientras toma los últimos mates se ríe. Incluso si quisiera tirarla, no podría. Supongo que se volvió un reemplazo a tener una pareja. Tomás mate hasta la madrugada pensando lo peor pero cuando vuelve en vez de mandar todo a la mierda, te sentís segura de nuevo y en casa, y te das cuenta también que solo podés dormir si estás acompañada.

Supongo que todavía no aprendió a tomar mate sola, pero no lo necesita. Al menos, en eso se queda pensando hasta quedarse dormida de nuevo.

10 comentarios en “Se despertó a las dos de la mañana

  1. Hola. Primero dejame agradecerte por volver a escribir (aunque quizás deba agradecer que lo compartas, porque muchas veces uno escribe pero no comparte, por todas las razones validas que pueda haber). Gracias, cualquiera sea el caso. Después voy a confesar que me gustó mucho. Considero que todo lo que leí de vos tiene un sentido de la cadencia y del ritmo que te lleva de la mano hacia adelante, sin que se sienta cómodo del todo, y esa es una sensación que me gusta que me evoquen. Desde la breve referencia a los Simpson hasta ese repentino cambio a la segunda persona al final. Si tengo que ponerme en quisquilloso, puedo decir que me hacen un pelín de ruido algunos cambios de tiempo verbal, pero a la vez considero que son parte de esa incertidumbre al avanzar a la que hacía referencia antes, así que no puedo terminar de decidir si el ruido me gusta o me molesta. No sería la primera vez que me pasa. Para no extenderme de mas, solo te voy a pedir un favor que espero no se sienta indebido: no dejes de escribir y compartir.

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  2. Hola. Debo decir que el relato me gustó bastante. Sonará tonto pero no encuentro palabras para expresar lo que me hace sentir. Es sencillo pero a su vez elaborado, cotidiano, de alguna manera.
    Como sea, tenía ganas de leer algo tuyo desde hacía tiempo, pero no había revisado tus blogs hasta ahora que vi que tenés uno en WordPress. Me gusta tu manera de escribir.

    Espero el próximo.

    Saludos.

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  3. Estimada Johanna,que opinión tenés sobre los sitios como Voxed, 4chan y Taringa? Me gustaría ver un video tuyo explayandote sobre esos antros de machismos y misoginia. Te saluda cordialmente

    Dr.Marcelo Barrientos

    Médico Cirujano Hospital Vicente López

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  4. Johanna, buenas tardes, gusto en saludarte, trabajo en una importante editorial la cual esta interesada en tus trabajos, por favor brindame un contacto por el cual podamos adelantarte cuales serían las propuestas para ofrecerte si estuvieras interesada, claro está. Atte. Jorge Biduco.

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