Ya no saco más fotos, pero festejo Navidad.

Estaba revisando unas cajas el otro día buscando los adornos de Navidad, sí, Navidad desde Noviembre, y encontré la colección de cámaras de fotos. Hace mucho que no hago fotos y no sé exactamente por que paré. Había un momento en el que tomaba cursos, hacía salidas fotográficas y me levantaba a la hora dorada sólo para sacar fotos en la terraza. Y revisando, encontré que mis rollos revelados más recientes son del año pasado. Para ser más precisa de Agosto del año pasado. 28 de agosto cantaba el rollo.

El 28 de Agosto es el cumpleaños de mi abuelo. Era el cumpleaños de mi abuelo al menos. Está muerto ahora. Y lleva así varios años así que se pueden guardar sus sentidos pésame. Pero cuando vi el rollo y los adornos de navidad, las cámaras llenas de polvo… Me puse a llorar, casi instantáneamente. No importa cuando lean ésto, si veo cosas que tienen que ver con mi abuelo, me pongo a llorar.

Él era la persona más amable, cariñosa, honesta, sensible, desprejuiciada y probablemente la que más me acompañó y me quiso en mi vida. También es quien me enseñó casi todo lo que sé. Me enseñó sobre magia, sobre el espíritu, sobre mi cultura y mis tradiciones. Quien me enseñó a contar historias. Quien me hizo ser escritora, como si fuera poco. Quien me hizo ver tantas películas viejas que terminé estudiando cine y queriendo ser una femme fatale. Quien se sacaba los dientes para hacerme reír cuando tenía depresión infantil. Y adolescente también. Siempre me hacía reír. Siempre me hacía sentir bien y cómoda conmigo misma. Con mis virtudes -que él veía miles- y mis defectos -que él nunca me hizo saber si conoció alguno-.

Es dificil escribir sobre los muertos porque la visión que nos queda siempre parece color de rosa. Pero, en defensa de éste texto, cuando vivía también lo veía así. Él es la única persona que alguna vez me hizo sentir que estaba genuinamente orgulloso de quién yo era y de quién algún día me iba a convertir. Y a veces me cuesta mucho, mucho, no pensar constantemente en la idea de si estaría orgulloso de quién soy ahora, un desastre pero un desastre que no tiene vergüenza de mostrarse así, vulnerable en frente de una audiencia que no me conoce y dejando un registro de esa vulnerabilidad para que otros la vean. Me pregunto si estaría orgulloso de verme teniendo tanto miedo e igual sabiendo que el coraje no es la falta de miedo sino la determinación y resolución de hacer las cosas igual a pesar de ese miedo.

Si llegaron a éste punto, felicitaciones, primero que nada, leyeron un montón de cosas que no les importan probablemente, pero también seguro se preguntan que tiene que ver mi abuelo con la navidad, las cámaras de fotos, y toda la bola. Aunque quizás, también, piensen en que navidad y la familia y la depresión navideña y todo eso. Pero… Estarían equivocados.

En casa no festejabamos navidad. Posta. Mi familia viene de Marruecos y son gitanos, así que las fiestas católicas -al menos para mi familia, sé que hay gitanos cristianos- estaban un poco prohibidas en casa. Y creo que por esa prohibición rotunda por parte de mi abuela, sobre todos los otros miembros familiares, es lo que hacía que me llame tanto todo la atención. Eso y el color rojo es extremadamente atrayennte al ojo. Pero la navidad siempre me pareció una celebración hermosa, y no fue hasta que fui a primer grado y me encontré con un enorme choque cultural que me dí cuenta lo distinta que era mi familia al resto, y no lo piensen mal, jamás me avergoncé de quien era o como me veía o si eramos más pobres o comiamos cosas raras o no saber usar cubiertos… Pero si me acuerdo de que para fin de año, nos mandaron una tarjeta con el boletín que decía “Feliz Navidad y feliz año nuevo!” y yo me acuerdo que volví enojada, triste, frustrada pensando en por qué éramos tan distintos. Y mi abuelo no supo que decirme en ese momento, porque, honestamente ¿cómo le explicás todo eso a una nena de 6 años?

Pasaron los días, y para mi sorpresa, mi abuelo seguía sin decirme nada sobre la pregunta que le había hecho y era la primera vez en mi vida que me pasaba eso. Él siempre tenía una respuesta a todas mis preguntas. Pero pasaron más días, y yo seguía pegando la ñata contra el vidrio en cada vidriera posible. Y él no decía nada, sólo me dejaba hacerlo, el tiempo que fuera necesario con su paciencia infinita.

Llegó navidad y yo me quedé despierta hasta las 12 para ver los fuegos artificiales desde el balcón de casa, cuando mi abuelo me toca el hombro y me da un regalo. Yo no lo podía creer porque Papá Noel era mala palabra en casa. El regalo era una cajita con una carta, la caja tenía una bola de nieve con una casita de jengibre. La carta decía muchas cosas sobre como no podíamos festejar navidad porque era una falta de respeto hacia nuestros antepasados, pero que podía darme un regalo todos los años siempre y cuando sea nuestro secreto. Atesoro esa bola de nieve mucho. Mi abuelo muchas veces me escribía cartas, él decía que le resultaba más fácil ordenar las ideas en el papel que cuando hablaba, y en eso somos iguales.

Al año siguiente, una tarde, estabamos en la plaza, mi abuelo y yo. No me acuerdo muy bien la escena, pero él me la contó muchas veces así: Yo estaba mirando los árboles y diciendo “chick” y cerrando los párpados muy fuerte por unos segundos. Él me preguntó por qué y le dije que en el futuro íbamos a tener unos cables en el cerebro e íbamos a poder mirar esos recuerdos en la tele. Y él se rió mucho. Esa navidad, me regaló una cámara de fotos con otra carta diciendo “no tenemos cables que muestren imágenes del cerebro todavía y probablemente yo no esté cuando existan, pero me gustaría que veamos juntos todo lo que consideres hermoso y guardarlo para siempre. Yo te ayudo a revelar las fotos.”

Pasé mucho tiempo en fotoclubes, y saliendo con él a hacer fotos al río. No me gustaba hacer retratos. Me gustaba todo lo demás. Con los años junté más cámaras y saqué fotos horribles y fotos hermosas. Pero siempre sacaba fotos. Técnicamente, sigo sacando fotos, sino mi instagram sería una meme page. También con los años empecé a festejar navidad. En realidad no, o sea jamás pongo un pesebre, pero tengo un arbol de 2mts -real- y mi casa parece una publicidad de Coca Cola. Uno de adulto hace lo que no podía de chico, supongo. Pero hace un año dejé de sacar fotos, y no sé por qué. Me pone triste. Siento que mi depresión me fue robando pedacitos de mi con los años y es difícil conseguir las figuritas para volver a tener el álbum también.

Supongo que encontrar las cámaras con las cosas de navidad me hizo acordar cosas que me faltan todavía para tener el álbum completo. Y además, todos extrañamos a la gente que no está y está bien. Es sano recordar a quienes ya no están con nosotros. Para bien y para mal. Lo que no es sano es aferrarse a la angustia y dejarla que te consuma. Lo que quiero decir es… Llorar a los muertos es normal y parte de la vida. Sólo no te dejes morir en el proceso vos también.

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